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Querido James (Rhodes), por Javier Otaola

Publicado en EL CORREO. 29.noviembre 2021


Querido James



Leí en su día, con admiración, tu libro de memorias, Instrumental. Bach me salvó la vida. Yo también creo que hay algo sanador en la música de Johan Sebastian y de Ludwig van Beethoven. Me conmovió tu sinceridad y el valor con que relataste el horror de los abusos sexuales que sufriste y todos los problemas que eso te causó. Y cómo, con heridas, claro, los has ido superando.


No sólo escribiste un libro lúcido y sincero, además tuviste el coraje, la generosidad y la fuerza necesaria para litigar hasta llegar al Tribunal Supremo y ganar la libertad, —que tu exmujer te negaba— de contar tu terrible experiencia, gastaste fuerzas y dinero en ese empeño pero ganaste una batalla por la libertad de todos: el alto tribunal declaró solemnemente que “la libertad de contar la verdad es un derecho básico al que la ley otorga una muy alta protección”. Ese caso, sin que tú te lo propusieras ha sido uno de los casos legales más importante de los últimos cien años en materia de libertad de expresión y de imprenta.




Con tu nuevo libro Made in Spain. Cómo un país me cambió la vida. Me has vuelto a deslumbrar y conmover. En este libro completas tu biografía y nos relatas —como nadie mejor que tú puede hacer— lo que ha significado para ti descubrir la peculiar sociabilidad y la manera de vivir que nosotros en España damos por sentada y que sin embargo es una forma de estar en el mundo que no se prodiga.


Me hace feliz ver tu actual felicidad, también tus éxitos profesionales y sentimentales —enhorabuena por tu matrimonio con Mica— y me honra compartir contigo mi ciudadanía española, sin embargo debo hacer constar que a pesar de que me encanta ser español, también soy en muchas cosas un pertinaz anglófilo, y admiro todo lo que de admirable tiene tu país de origen la Gran Bretaña, y quizá por ello lamento y siento como un hecho triste lo que ha significado para todos nosotros, —europeos— el triunfo del Brexit que alienta una especie de nuevo jingoísmo británico.


En esta ocasión has puesto tus ojos sobre España y lo has hecho con una mirada clarividente que muchas veces sólo un corazón herido y trasterrado puede cultivar. Tu perspectiva de guiri —ahora ya compatriota— es libre, desacomplejada, radicalmente sincera y por todo ello más aguda y veraz que la nuestra propia, cegada por mezquindades y querellas de patio de vecindad: hablas con el corazón en la mano y eso carga tus palabras de emoción y verdad. Y lo que dices me parece una hermosa verdad, aunque no sea como es lógico la única verdad: “Os veo. Veo la belleza de este lugar. La belleza del idioma, la calidez de la gente, el aire de las montañas, el sabor de la comida, el compás de los bailes, el ritmo de la vida, la sensación de comunidad, la amabilidad innata, la empatía, las ganas de ayudar, la arquitectura, los cielos, los olores, las vistas, la esperanza, el amor, el merecido orgullo, la majestuosidad, la cultura, la maravilla, las oportunidades y el puto esplendor absoluto de este país. Veo todo incluso cuando me decís que estoy ciego, que me lo imagino, que la realidad es completamente distinta.”


Gracias por esas preciosas palabras que están, desde luego, alentadas por tu cariñoso entusiasmo pero que tienen también mucho de verdad, aunque a veces seamos tan cicateros con nosotros mismos que no somos capaces de reconocerlo. Tú nos ayudas a vernos con más claridad, también en nuestras mejores virtudes.



Gracias además por tu compromiso y tu lucha personal junto con Save the Children, — una lucha no exenta de heridas y sinsabores— que ha hecho posible que finalmente el 4 de junio de este año se publicara en el Boletin Oficial del Estado la Ley Orgánica de protección integral de la infancia y la adolescencia que en su primer artículo proclama: La ley tiene por objeto garantizar los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes a su integridad física, psíquica, psicológica y moral frente a cualquier forma de violencia, asegurando el libre desarrollo de su personalidad y estableciendo medidas de protección integral, que incluyan la sensibilización, la prevención, la detección precoz, la protección y la reparación del daño en todos los ámbitos en los que se desarrolla su vida . ¡Olé¡


Proteger a los niños y niñas es permitir que vivan su infancia como lo que son, como niños. Cada etapa de la vida tiene su propia fuerza y su propia debilidad. La infancia es en sí misma una forma de plenitud, es el tiempo de los descubrimientos y de la configuración de la persona, es vivir en el presente como nunca lo haremos en otras edades.


Los niños y las niñas lo esperan todo de la buena voluntad de los demás, comenzando, por sus padres, parientes, profesores… Tú James, lo has dicho y lo has proclamado de mil maneras: no podemos permitir que nadie traicione esa esperanza.

Gracias por todo, James.

@Javier_Otaola

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