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Meditaciones de circunstancia (1) s.XXI, por Javier Otaola

hace 9 horas
13 min de lectura

 

 

 

La lectura de las obras de José Ortega y Gasset, publicadas el siglo XX en las populares ediciones de Austral, fue mi primera aproximación a la filosofía y la que de manera más profunda me ha influído. En su obra El tema de nuestro tiempo (1923) anticipa la Postmodernidad cuando proclama que la misión de su generación era superar la mentalidad de la Edad Moderna, uniendo la razón con la vida. Muestra que la razón pura de los filósofos ilustrados y modernos no es suficiente, y que nos toca superarla mediante una razón vital que sirva para vivir y que entienda la vida humana, asumiendo que cada persona, sociedad o época histórica es un punto de vista único e insustituible del universo. La verdad humana se alcanza explorando perspectivas. El mayor error es creer que nuestra perspectiva es la única válida.

   Ortega definidor de la perspectiva como existenciario radical, fue vitalista, propicio a la alegría pero no fue desde luego un optimista ingenuo y mucho menos un derrotista, anticipó el Dasein de Heidegger[1].Ortega pensó una razón no meramente conceptual sino también existencial; entendía que nuestra vida no es mera biología sino una identidad biográfica y personal; no es algo que se nos da hecho, sino que, muy al contrario, es un quehacer constante que cada uno de nosotros se ve obligado a afrontar, a sabiendas de que rehuir esa obligación no deja de ser una forma de acción por omisión. La existencia humana es desafiante y problemática, no sólo por las necesidades materiales que nos ocupan y preocupan —como a todos los seres vivos— sino también por la peculiarísima condición humana de vernos arrojados al mundo como un ente menesteroso, que a diferencia de los demás animales necesita de años para llegar a hacerse y ser autónomo en la compleja sociedad de los humanos, dotado de lenguaje y de autoconciencia, con la posibilidad de escoger su ser personal entre sus particulares posibilidades. Ortega señala que el ser humano al nacer, cae en una circunstancia determinada, insertado en una matriz referencial, ya sea familiar, social y/o cultural —en la que ha sido nacido—, que de una manera o de otra le impondrá una tupida red de ideas, prejuicios y costumbres, o sea una cosmovisión. Sólo con el tiempo cada uno de nosotros sentirá —quizá— la necesidad de poner en duda las prédicas ajenas, revisaremos "lo que se dice", "lo que se hace", "lo que los demás suponen que somos" y descubriremos la angustiosa y emocionante aventura de escoger nuestro propio "pensar", nuestro "sentir", nuestro "decir", nuestro personal "hacer" conscientes que: «Lo que tú haces, te hace».

   En la edad adulta —quizá— sintamos la necesidad de asumir el don y la carga de la libertad y emprendamos la aventura de elegir una existencia que no sea prefabricada por otros. En nuestra infancia, dependientes de la circunstancia biográfica en la que somos socializados, amorosa u hostil, asumimos como natural lo que los demás señalan como tal: una cosmovisión que se nos presenta como obvia. En algún momento quizá nuestra curiosidad nos empuje a cuestionar lo que nos han enseñado; probablemente pondremos en cuestión o repensaremos algunas de las convicciones, y nos veremos a nosotros mismos desde fuera de los sentimientos y pretensiones de nuestra matriz social, comenzaremos la ardua tarea de revalidar — o no— las enseñanzas y los ejemplos que nos han dado, y las convicciones que nos han inducido. A partir de ese momento iremos descubriendo la Ciencia y la Cultura construidas por el ser humano a través de azarosos avatares históricos, despiadados intereses en lucha, arraigados prejuicios y espejismos ideológicos que nos rodean como obvios. Cada uno, a su manera y según sus posibilidades, elegirá y examinará la circunstancia en la que vive tratando de comprender, según su propia experiencia aquello que merece ser salvado y aquello que debe ser ignorado o combatido. A ese "salvarse" es a lo que se refiere la famosa máxima de Ortega[2]: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no salvo mi circunstancia no me salvo yo».

   Para salvarme a mí mismo tengo que asumir, en la ínfima escala de mi perpectiva, la altura del Cuando ( 44 años de s.XX- y 26 del s.XXI..., de momento) y el Donde que me han tocado en suerte: Bilbao, País Vasco, España, Europa..., o sea, mi circunstancia, dilucidando, al menos, diferentes clases de "verdades" que me rodean y conforman mi realidad:

 

—verdades objetivas fundadas en pruebas metódicas (método científico) y hechos verificados mediante la razón humana que compartimos socialmente, de acuerdo con procedimientos también objetivos (Ciencias),  contrastados públicamente y sometidos a permanente falsación[3]

—verdades subjetivas, las que asumimos a partir de querencias personalísimas, intuiciones poéticas y perspectivas existenciales, y así nos construimos unas querencias o convicciones construidas a partir nuestras vivencias que podemos —o no— compartir con otros también subjetivamente.

—verdades intersubjetivas, compartidas y aceptadas con más o menos acierto por un grupo de personas o una comunidad mediante consenso. 

—verdades absolutas, válidas en cualquier tiempo, lugar y circunstancia, sin admitir excepciones ni relativismo, vg: la certeza de que somos para la muerte (Heidegger).

—verdades relativas, aquellas que dependen de un marco cultural, histórico, social o personalísimo de quien la enuncia. Esa relatividad desvela nuestras diferentes perspectivas y nos fuerza a asumir la natural fragmentación de las opiniones y la necesidad de organizar nuestra convivencia en lo que podríamos llamar una discordante concordia.

 

José Ortega y Gasset toma la "perspectiva" como base de su teoría filosófica formulada en su ensayo Verdad y perspectiva (1916) y sostiene que el conocimiento de la realidad existencial (lo subjetivo) solo es posible desde un punto de vista individual y vital concreto. Una vida no se vive científicamente, la ciencia objetiva nos permite entender el Mundo y explica la realidad de la vida como biología y como psicología pero no puede dar cuenta plena de nuestra vivencia sólo entendible como existencia, como biografía y como perspectiva.

   Ortega reconoce la Ciencia como disciplina intelectual y paradigma de la objetividad, o sea de todo aquello que es objetual, pero considera que siendo la "vida propia" un protagonismo narrativo (biografía) sólo puede ser entendida como realidad subjetiva. Ortega se define: «Mi ideología no va contra la razón, puesto que no admite otro modo de conocimiento teorético que ella: va sólo contra el racionalismo». Pueden conocerse objetivamente nuestros datos pero no puede conocerse el sentido o argumento de nuestra existencia sino poética o narrativamente. La persona humana no es un ente abstracto sino un actor urdido argumentalmente —varón o mujer— que vive en un espacio-tiempo histórico concreto y determinado:

 

«La vida de cada cual es la existencia particular y concreta que reside entre circunstancias haciéndose a sí misma y, sobre todo, orientándose hacia su propia mismidad, autenticidad o destino. El hombre puede, ciertamente, alejarse de su propia autenticidad, pero entonces será menos «real». A diferencia de las cosas, la vida humana admite grados de realidad según su mayor o menor acercamiento a su propio destino. Por eso la vida puede ser caracterizada por medio de la siguiente serie de notas: la vida es problema, quehacer, preocupación consigo misma, programa vital y, en último término, «naufragio» (un naufragio del que el hombre aspira a salvarse agarrándose a una tabla de salvación: la cultura). Por eso la vida es también drama y por eso no puede ser una realidad biológica, sino biográfica. El método para acercarse a ella no es el análisis, sino la narración. Sólo así puede entender el hombre que la propia vida es su fin y que, por consiguiente, no hay que buscar ninguna trascendencia: lo trascendente para cada uno es la propia existencia humana, la cual se descubre, así, como una realidad desilusionada».[4]  Diccionario de Filosofía Ferrater Mora

 

Ortega, como filósofo inmerso en la perspectiva del s. XX mantuvo una postura crítica respecto de ciertos sesgos de la Ilustración del s. XVIII, pero lo hizo según su talante de una manera constructiva.  Como filósofo historicista no pretendió destruir el legado del siglo XVIII, sino muy al contrario superar sus inevitables limitaciones históricas para adaptarlo al tiempo que Ortega vivía, definiendo con su raciovitalismo una fórmula de Ilustración s.XX  del mismo modo que nosotros no podemos entender a la altura de nuestro tiempo postmoderno e hiper-cibernético sino una Ilustración s.XXI que en este momento está amenazada por una propuesta capitalista, neo-reaccionaria, iliberal, neo-feudal y antidemocrática que se autodefine como Ilustración oscura[5] y que en cierto modo converge con El Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era,  la doctrina política, económica y social oficial  de la China actual (2026) y se enseña obligatoriamente en todas las escuelas y universidades, bajo el control total del Partido Comunista que dirige absolutamente todo en el país: la economía, el gobierno, la sociedad y el ejército, usando la tecnología y el comercio global bajo la estricta vigilancia del Estado.[6] 

   Ortega señala la limitación histórica de la Ilustración del s. XVIII que define una razón pura y matemática (Descartes) que opera absolutamente ajena a la complejidad de la realidad humana. La razón ilustrada tal y como la plantean los filósofos del s. XVIII es una entidad ahistórica, universal e invariable, capaz de diseñar leyes y propuestas aplicables a cualquier época y lugar. Ortega consideró esta definición falta de sentido histórico y a la postre viciada por un ingenuo utopismo, agravado con un "radicalismo intelectual" dispuesto a aplicar la fórmula del lecho de Procusto para encajar la vida humana de manera forzada en sus abstractos esquemas, mutilando todo aquello que no se ajustara a planteamientos lógicos preconcebidos, ignorando que el ser humano es, ante todo, tiempo, cambio y circunstancia. El pensamiento de Ortega por el contrario se define como una racionalidad histórica siempre en proceso: «El hombre no tiene naturaleza, sino historia». Desde su atalaya del agitado s.XX, considera ilusa la idea ilustrada de una "naturaleza humana" fija para siempre. La Ilustración s. XVIII alimenta el prejuicio de que el pasado y las tradiciones no son sino simples errores que se disuelven inmediatamente a la luz de la razón. Ortega, propone una mirada más compleja como un ilustrado s.XX, y argumenta que el pasado no fue necesariamente un error en su momento —aunque lo sea visto a fecha de hoy— sino que pudo ser la natural consecuencia de experiencias y limitaciones propias de otro tiempo histórico; pero esas limitaciones forman parte del proceso de lo que somos hoy.


El ser humano —para Ortega— no es inteligible sin su perspectiva histórica. Somos un proceso. Estudió la filosofía de Kant, principalmente con los neokantianos Cohen[7] y Natorp Del neokantismo asimiló el espíritu de su filosofía que a su su juicio era imprescindible para el futuro de España, víctima de un subjetivismo y un personalismo radicalizado que le impedía entrar en la modernidad. La influencia del neokantismo le mostró que el ejercicio de la razón es lo que nos vincula con el ámbito de lo objetivo —o sea con lo universal: la ciencia y la filosofía. Pero al mismo tiempo Ortega formula una Ilustración s.XX que denomina raciovitalismo, donde la razón se pone al servicio de la vida y no al revés. Frente a la "razón pura" de Kant propone la razón vital y la razón histórica que entienden mejor la narratividad de lo humano.  Ortega señala que el hombre ilustrado, traiciona su racionalismo, cuando proclama una fe casi religiosa en el Progreso, en la Ciencia y en la Razón, una especie de nueva Trinidad que resolvería (sic) todos los problemas de la humanidad. Ortega tenía una concepción si no trágica al menos dramática de la vida humana y no podía ser simplemente optimista. Las ideologías totalitarias del s.XX—comunismo, fascismo, nacional-socialismo... GULAG; Auschwitz, belicismo, racismo...

 

Frente a la razón pura y abstracta de la Ilustración s. XVIII, y más allá del positivismo del s.XIX que define una razón universal, matemática y estática, Ortega propone una Ilustración s.XX que abraza Razón y Vida, o sea, una razón histórica, involucrada en una existencia siempre en proceso, al estilo del contemporáneo gran poeta, Antonio Machado y su verso existencialista donde el caminar precede al camino: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar". Ortega propone una mirada s.XX sobre el ser humano en el mismo sentido que Machado: nuestra vida se va haciendo lo que es según vamos siendo: somos tarea y circunstancia.

   Frente a la idea s. XVIII según la cual el pasado es meramente superstición y error Ortega considera que el pasado es parte del proceso de entendimiento y está de una manera o de otra implicado en el presente que ahora somos, de modo que lo que hemos errado está integrado en lo que sabemos en este momento y lo que damos por sabido hoy será quizá superado o corregido en el futuro.



 

Frente al optimismo superlativo del s. XVIII y la ingenua fe en un avance lineal e inevitable Ortega define un progreso s.XX, problemático, que no está garantizado y que nunca es gratuito sino que exige preocupación y esfuerzo constante, ya que la barbarie siempre acecha. En cuestión de ejemplos de barbarie y horrores, el siglo XX ha sido probablemente el más mortífero de la historia humana, marcado a sangre y fuego por dos Guerras mundiales, el auge de los totalitarismos, (Hanna Arendt) [8] y el uso de la tecnología para la destrucción masiva. Los grandes avances científicos y médicos del siglo XX no impidieron la promoción teórica y práctica de la violencia como Doctrina de Estado, provocando la muerte de millones de personas debido a guerras, hambrunas artificiales y limpiezas étnicas organizadas. Se calcula que la Segunda Guerra Mundial causó la muerte de entre 70 y 85 millones de personas en todo el mundo, lo que representaba aproximadamente el 3% de la población mundial de 1940. Esto la convierte en el conflicto más mortífero de la historia humana.  

 

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[1] "Yo soy yo y mi circunstancia y sino la salvo a ella no me salvo yo" dijo Ortega en 1914 en Meditaciones del Quijote y ese "ser-circunstanciado" es exactamente el Dasein de Heidegger:  el espacio y el momento en el que existimos, o sea,  nuestro entorno y nuestra realidad temporal. Heidegger lo publicó en 1927, en el Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung (Anuario de filosofía y de investigación fenomenológica), editado por Edmund Husserl, y también como libro independiente el mismo año. 

[2] El pensamiento de Ortega ha influido  especialmente en España y países de lengua española, pero también en otros países, especialmente en Alemania, no así en el mundo anglo-sajón Entre los filósofos españoles que han sido influidos por Ortega, o han sido incitados por sus enseñanzas y escritos, destacan Manuel García Morente, Xavier Zubiri, Joaquín Xirau, José Gaos, Julián Marías, María Zambrano, Luis Recaséns Siches, Pedro Laín Entralgo, José Luis L. Aranguren, Paulino Garagorri, Manuel Granell.

[3] El concepto de "falsación" fue creado por el filósofo Karl Popper en su obra La lógica de la investigación científica. (en alemán: Logik der Forschung, 1934). Fue originalmente redactado en alemán, pero el mismo Popper lo volvió a escribir unos años más tarde en inglés para ser publicado en 1959 con el título The Logic of Scientific Discovery. Popper sostiene que en ciencia es imposible asegurar que algo es "verdad para siempre", ya que el método científico confirma teorías a partir de experimentos y por muchos experimentos que haga, siempre puede aparecer uno que falle, de ahí que en vez de buscar pruebas para "aprobar" una idea,  el método científico debe intentar "derribar" o sea "falsar" constantemente todas sus teorías con pruebas duras, quedando siempre abierta la posibilidad de que pueda descubrirse alguna falla. De ahí que toda validez en Ciencia, es provisional, mientras no se demuestre lo contrario. Dicho de otra manera, la Ciencia es metodológicamente humilde y considera todas sus afirmaciones como susceptibles de falsación.

[4] https://biblioteca.ucm.es/fsl/edm-jose-ortega-y-gasset. Diccionario de Filosofía Ferrater Mora

[5] La Ilustración Oscura. Nick Land. 2012 (orig.) (trad.) 14 de marzo de 1962. Reino Unido. No es casualidad que resida en China, país que bajo el llamado pensamiento Xi Jinping, y bajo la dictadura del Partido Comunista de China pretende una fórmula propia de Ilustración oscura. Nick Land (17 de enero de 1962) es un filósofo político inglés, bloguero y «el padre del aceleracionismo».The Dark Enlightenment, es un ensayo escrito por Nick Land, convertido en el texto referencial del movimiento político e ideológico conocido como neorreacción que rechaza frontalmente la democracia política. Land argumenta que el sufragio universal (que todo el mundo pueda votar) conduce inevitablemente al declive económico y social; los gobiernos democráticos solo piensan a corto plazo para ganar las próximas elecciones, lo que genera deudas masivas. Según Nick Land los seres humanos no son iguales por naturaleza y forzar la igualdad frena (sic) a los individuos más talentosos y productivos.  Propone reemplazar las instituciones políticas por una estructura empresarial. Cada país debería pertenecer a dueños privados y ser gestionado eficientemente por un Chief Executive Operative soberano.  Naturalmente en este modelo, las personas no votan y su único derecho político sería "marcharse". Sus referencias históricas son ciudades con libertades económicas pero sin democracia, como Singapur, Hong Kong o Dubái. Asumen el futuro uso de tecnología avanzada e ingeniería genética (eugenesia sintética) para acelerar —"aceleracionismo"— la evolución y crear seres humanos superiores (sic).

[6]  Xi Jinping. Pensamiento, liderazgo y acción. Jesús Guanche. Universidad de Estudios Internacionales de Hebeien la República Popular China. 2020. ISBN: 978-613-9-4428-03. En la introducción el autor cita a Xi Jinping, a saber: «El marxismo se desarrollará ineludiblemente en función del progreso de la época, la práctica y la ciencia, sin que fuera invariable. El socialismo siempre avanza emprendiendo el camino. El mantener y desarrollar el socialismo con peculiaridades chinas es una gran causa sobre la que el camarada Deng Xiaoping definió el pensamiento y principio (Véase «Mantener y desarrollar sin vacilaciones el socialismo con peculiaridades chinas») La colectividad directiva central de la tercera generación con el camarada Jiang Zemin como núcleo y el Comité Central con el camarada Hu Jintao como secretario general dejaron escritos magníficos. En la actualidad, la tarea de los comunistas de nuestra generación es continuare escribiendo este pensamiento. La perseverancia en el marxismo y el socialismo debe contar con criterio de desarrollo.»

[7] Herman. Cohen (1842-1918). De familia judía, nació en Coswig; estudió en las universidades de Breslavia, Berlín y Halle y ejerció su magisterio en Marburgo, donde fundó la escuela que lleva dicho nombre. Se dedicó fundamentalmente al estudio de Kant. Sus obras más relevantes son Teoría kantiana de la experiencia, La lógica del conocimiento puro, Sistema de filosofía y El concepto de religión en una filosofía sistemática. Cohen formula una teoría del conocimiento que pretende rectificar la kantiana en algunos puntos, vg: niega la distinción entre ‘intuición’ sensible y ‘conceptos’ mentales. Su corriente se conoce como neokantismo. Cohen creía que la ciencia y las matemáticas lo eran todo ya que las cosas no existen por sí solas en el mundo físico, sino que el pensamiento y la lógica humana las "construyen". Ortega conoció a Hermann Cohen en noviembre de 1906. El encuentro se produjo cuando se matriculó en la Universidad de Marburgo (Alemania) para ampliar sus estudios de filosofía. Marburgo era la sede de una de las escuelas neokantianas más importantes de la época.

[8] Hannah Arendt v. 69 años (Linden-Limmer, 14 de octubre de 1906 - Nueva York, 4 de diciembre de 1975) filósofa, historiadora, politóloga, socióloga, profesora de universidad, escritora y teórica política, alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, puede ser considerada como una de las filósofas más influyentes del siglo XX, define el totalitarismo en su obra magna Los orígenes del totalitarismo (1951), como una forma de gobierno completamente nueva y sin precedentes en la historia, que se diferencia de las tiranías, despotismos o dictaduras tradicionales porque no busca meramente el monopolio del poder político, sino el dominio total y absoluto del ser humano. Arendt analiza el paralelismo totalitario entre el nazismo alemán y el estalinismo soviético caracteriza este fenómeno a través de varias clave: Explica la historia a través de una "ley suprema e infalible" (como la lucha de razas o la lucha de clases).  A diferencia de las dictaduras clásicas que usan el terror para reprimir a sus opositores, el régimen totalitario lo convierte en la esencia misma de su funcionamiento. Destruye la vida en comunidad y los lazos sociales tradicionales. Transforma a los ciudadanos en una "masa" de individuos atomizados, solitarios y carentes de puntos de referencia estables, lo que facilita su manipulación y la destrucción de la espontaneidad y la pluralidad , Los campos de concentración a la postre son la seña más distintiva, donde se demuestra que es posible despreciar al ser humano hasta al punto de borrar su condición de persona. Otras obras: La condición humana, Eichmann en Jerusalén.

 

 

 

 
 
 

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