La maldición "Trump", por Javier Otaola
- Diccionario subjetivo

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España, Europa y la 2ª presidencia de Trump

El 12 de junio de 2025 se cumplieron 40 años de la firma en 1985 del Tratado de Adhesión de España —y Portugal— a las por entonces Comunidades Europeas, antecedente de la actual Unión Europea. Felizmente hemos cumplido con creces el proyecto del maestro Ortega y Gasset de vincular en nuestra mejor identidad nacional, o sea, la europeidad de España.
En el tardofranquismo de los ´60 la mejor referencia filosófica, pensada y escrita en español, a nuestro alcance fue la obra de Ortega y Gasset, que leí con juvenil entusiasmo. El pensamiento de Ortega está en el origen de nuestro europeísmo. La Europa de Ortega y Gasset, presupone una identidad cultural e histórica compartida entre las principales naciones de nuestro Continente, más allá de las diferencias particulares, como una "realidad misma", previa a cualquier institucionalización, una identidad europea que surge de una creatividad cultural propia, que Ortega reclamaba como un requisito imprescindible para que España llegara a ser fiel a su mejor identidad. Ortega reconocía unos valores típicamente europeos irrenunciables: razón, libertades individuales, parlamentarismo constitucional y compromiso con el progreso, que a su juicio son además esenciales para lograr una sociedad bien ordenada. No es por casualidad que Ortega hiciera de la europeización de España la clave de su propuesta de regeneración. Su concepto de Europa no era simplemente geográfico, ni siquiera político sino principalmente cultural e intelectual, una identidad compartida como herencia y fuente de inspiración y progreso para todas las naciones que colectivamente hacemos europeidad.

Desde hace más de un siglo Europa y los Estados Unidos han mantenido un pacto de amistad inquebrantable que nos ha unido hasta en los momentos más críticos y exigentes de la I Guerra Mundial, y especialmente en la lucha contra el nacional-socialismo durante la II Guerra Mundial, durante la post-guerra con el Plan Marshall, luego con la Guerra Fría..., pero todo ha cambiado con la segunda presidencia de Donald Trump, que ha desencadenado una ruptura que no conocíamos. Ya no es la Democracia que quiere proyectarse como referencia para el resto del mundo. Estados Unidos bajo Trump ha optado por desvincularse de Europa como hegemon del Mundo libre y adaptarse como Imperio a un entorno en el que China y Rusia ya practican, abiertamente, políticas neoimperialistas. China puede ocupar la casilla que Trump ha abandonado de hecho, Pekín ha lanzado iniciativas que sugieren ese propósito, vg: el Instituto Confucio.
El desafiante y bronco ejercicio del poder presidencial de Trump, la crudeza con la que se desentiende de la defensa de Europa, nos obliga a reforzar nuestra europeidad, también desde el punto de vista de la Defensa. Los recursos colectivos de las naciones europeas, aún con la salida del Reino Unido, son comparables a los de EE.UU. pero el presupuesto de la Unión Europea es todavía minúsculo en comparación con el del más pequeño de sus miembros. Eso ha de cambiar. Trump no ha hecho sino dar pisotones a todos sus "amigos": Canadá, Ucrania, Groenlandia/Dinamarca, Panamá, México, Unión Europea..., y ya no tenemos al Amigo Americano de nuestro lado.

A pesar de que la Carta del Atlántico no se haya reformado, Trump se ha colocado del lado de la Rusia invasora de Ucrania, y el destino de la OTAN en este momento es una incógnita. No sabemos cómo va a ser el final de la guerra en Ucrania. No parece previsible una verdadera paz entre la Rusia de Putin y Ucrania ¿sería posible al menos un Armisticio, o sea un silencio indefinido de las armas a la espera de un futuro más o menos próximo en que pueda realmente curarse esa herida sangrente? Javier Otaola. Abogado y escritor.




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