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Olaizola y el caso del perro blanco, de Javier Otaola


Presentación de la novela La comisaria Olaizola y el caso del perro blanco de Javier Otaola. Presenta: Salvador Doblas.

Librería Proteo.




Las mejores novelas del género negro siempre se han caracterizado por servir de telón y excusa tanto para indagar en los problemas sociales que caracterizan las épocas en las que están ambientadas como para propiciar a sus autores una fantástica excusa para ahondar en los vericuetos más oscuros de la psique humana. El jueves 2 de noviembre (19:00), El Tercer Piso de Librería Proteo acogerá a uno de los autores más interesantes y destacados del género en España, el abogado del estado, ensayista, columnista, masón y novelista vasco Javier Otaola. Otaola, en diálogo con el profesor de CC de la Comunicación de la UMA Salvador Doblas, presentará en Málaga la novela, tercera protagonizada por la comisaria Olaizola, una oficial de la Ertzaintza, perspicaz investigadora, lesbiana, que se enfrenta al brutal asesinato de un exlegionario y expolicía transformado en un empresario de éxito. ‘La comisaria Olaizola y el caso del perro blanco’ explora asimismo las sectas satánicas gracias por el profundo conocimiento de Otaola de los cuerpos policiales y la historia de los rituales simbólicos.





UNA COMISARIA DE LA ERTZAINTZA QUE SE ENFRENTA A SECTAS SATÁNICAS Y LAS CLOACAS DEL PODER

Algunos llaman Felicidad a la investigadora. También se la conoce como Zorione. E incluso, como Olatz. Pero la oficial de la Ertraintza tiene una marcada personalidad. Ahora vuelve a las librerías con ‘La comisaria Olaizola y el caso del perro blanco’. Subtitulada ‘Muerte en Armentia’, la nueva novela editada por Sapere Aude supone una forma muy distinta de titular con respecto a las previas en la trilogía, ‘Brocheta de carne’ o ‘As de espadas’. Otaola recuerda que las anteriores novelas “hacían referencia a un elemento de la trama, como la habitación donde se produce el asesinato o, en la primera, la forma en que se comete. Ahora aparece el nombre de la comisaria en el momento cumbre de su carrera», tras haber sido antes subinspectora e inspectora.

La protagonista, que se dispone a dar una serie de cursos intensivos en Arkaute sobre policía científica, deberá investigar la muerte de un antiguo legionario y agente municipal, dedicado ahora a los negocios,que es atacado y eviscerado por un pálido can de lucha. «Le toca el caso porque el personaje era un tipo con contactos que había trabajado para el CNI. El ‘nagusi’ se lo encarga porque ella se encuentra en Vitoria. Y el perro blanco le servirá para llegar a la conclusión, que también planteará a la investigadora un dilema moral», apunta el autor sin llegar al ‘spoiler’.



Todo se articula dentro de una acción ambientada en los años finales de ETA como telón de fondo de una historia que es contemporánea, pero con un pequeño desfase.

La obra de Otaola encaja de lleno en un género novelístico concreto, la novela negra, de la que el autor destaca que no le interesa, “tanto el quién lo hizo, el acertijo de revolver pruebas para que la gente adivine”, como la “trayectoria personal de los personajes”. “Generalmente, el crimen rompe la costra de la normalidad. Caminamos sobre una especie de capa de hielo que es la civilización que nos sostiene, pero no es firme del todo. A veces, pisas muy fuerte y en un segundo debajo está el agua helada del asesinato, de la muerte. Tenemos que andar con cuidado, no conviene saltar sobre el hielo”, advierte Otaola.

En el caso de Zorione Olaizola, le surge una necesidad: quiere ser madre y es una decisión que entra en conflicto con la relación que tiene con su actual pareja, la periodista alavesa June López de Vicuña. Felicidad “es una mujer en principio herética, hija de un notario de Bilbao, destinada a estudiar Derecho, pero le gusta el ámbito policial y entra en la Ertzaintza en investigación”. La protagonista de la trilogía de Otaola es lesbiana y para ser madre busca un método natural pero a la vez extraño, con un hombre que está coladísimo de ella y que acepta ese papel de padre biológico de condición subalterna.

Un gran caladero de personajes para el libro es una capilla satánica donde en realidad se enmarcan con rituales oscuros lo que son pulsiones sexuales de índole orgiástica. Algo más dionisíaco que diabólico, pero también un akelarre que sirve a Otaola para crear un nuevo juego de contrarios, entre un antiguo exorcista y quien fuera su amigo de juventud, un anticuario transformado ahora en líder del culto impío. Cada uno, dice Otaola, “buscamos nuestra felicidad como podemos y ese proceso, esa conciencia, nos iguala. Pero luego cada uno hace elecciones muy diversas. Esto también se refleja en las opciones amorosas o sexuales”. Todo esto –incluidas cuestiones como el maltrato, la relación de padres e hijos o la prostitución– se refleja en la novela.»

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