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Nosotros y ellos.

Actualizado: mar 13


Publicado en EL DIARIO VASCO 30.09.2019, Por Javier Otaola.


Al principio era el verbo y quizá por eso en su conjugación se esconden muchos de los misterios de la existencia; seríamos sabios si supiéramos realmente todo lo que decimos cuando decimos yo, tú, ella, nosotros, vosotras, ellos …. Dándole vueltas a esos fascinantes pronombres personales me ha parecido descubrir que en la palabra nosotros se esconde el inevitable germen de toda división social, ‘nosotros’ es ‘no-otros’. Es decir, nosotros somos aquellos que no somos como los otros. Algo parecido decía el gran escritor Rudyard Kipling« Todas las personas que se nos parecen son ‘nosotros’, y todos los demás son ‘ellos’».

Esta tensión divisiva de todo nosotros ha sido terrible en la Historia —y desgraciadamente sigue siéndolo en la actualidad en muchos lugares del mundo— especialmente cuando viene sostenida por diferencias ideológicas, religiosas o sagradas, porque los seres humanos depositamos en esas ideas y en esos vínculos los apegos más radicales y más íntimos y al mismo tiempo los más frágiles e inseguros. Es un honor de la democracia liberal, —la menos mala de las utopías que hemos podido construir—su osadía de trascender —sin negarlos— los vínculos de la comunidad, étnica y religiosa y abrirse a una ciudadanía compartida bajo la misma constitución cívico-política, dejando atrás las sanguinarias guerras de religión —o de irreligión— y los estúpidos supremacismos raciales; es por eso que todos los ordenamientos jurídicos democráticos, así como la normativa Internacional de los Derechos Humanos, reconocen el derecho de las personas a la libertad religiosa y de culto —que incluye también el derecho a la irreligión— como un derecho fundamental dotado de las máximas garantías jurídicas.

Todos los Estados democráticos reconocen, con una fórmula jurídica u otra, —nuestra Constitución lo hace en su artículo 16— lo que los británicos llaman la “civilty”, es decir la autonomía de los Derechos humanos y de ciudadanía respecto a las doctrinas y los poderes religiosos, al mismo tiempo que salvaguardan no solo la libertad religiosa sino los valores culturales, filosóficos, históricos y artísticos de sus respectivas tradiciones religiosas en medio de unas sociedades profundamente secularizadas. La imagen de Nôtre Dame ardiendo en la noche de Paris, fue un símbolo de esa paradójica realidad, no menos paradójico que el hecho de que algunas de las fiestas más orgiásticas y populares en España tengan precisamente un patronazgo celestial por estar las advocaciones religiosas, de santos y de vírgenes, en el origen mismo de nuestras más arraigadas tradiciones festivas. Lo sagrado y lo festivo hacen buenas migas.

Los fenómenos religiosos han experimentado, durante las últimas décadas, importantes transformaciones en todas las sociedades de nuestro entorno, y el panorama del hecho religioso se ha diversificado en muy diversas creencias y pertenencias, que se combinan flexiblemente con el indiferentismo y el ateísmo. Y esto pasa también entre nosotros en el País Vasco, —la patria de Ignacio López de Loyola—donde ya no es tan verdad aquel viejo dicho de “euskaldun, fededun”, sino que los vascos nos hemos diversificado en múltiples y contradictorias opciones religiosas y filosóficas, al mismo tiempo que hemos recibido a muchos nuevos ciudadanos y residentes de diferentes religiones del mundo, lo cual no siempre ha estado exento de problemas y malentendidos especialmente en relación con los centros de culto. No es por lo tanto casualidad que el Gobierno Vasco haya remitido al Parlamento Vasco un proyecto de Ley para regular uno de los aspectos más sensibles en esta materia como es la ubicación, gestión y regulación de los centros de culto de las diferentes confesiones religiosas. En el preámbulo de ese proyecto se dice: “. … la sociedad vasca, como otras sociedades europeas desarrolladas, presenta hoy un panorama de creciente pluralidad religiosa que, posiblemente, sea un fenómeno definitivo e irreversible…. [fenómeno que] se proyecta, entre otros elementos, sobre la cuestión de los lugares o centros de culto…”

La libertad siempre desemboca en un pluralismo: pluralismo de las creencias, pluralismo social de gustos y costumbres, pluralismo político e ideológico; y ese pluralismo exige una sociabilidad abierta y unas instituciones integradoras que nos enseñen —no nacemos sabiéndolo—a vivir conviviendo y a no cercenar el pluralismo. Naturalmente para que ese pluralismo sea factible son imprescindibles algunos acuerdos básicos y ciertos respetos esenciales, por muy protocolarios que nos parezcan, respetos que nos den seguridad suficiente en el “nosotros” colectivo, acuerdos que nos permitan una confianza básica en que el disenso no se convertirá en hostilidad, y que la amistad civil que nos vincula en nuestra ciudadanía común no se romperá por nuestras discrepancias y no se convertirá en un amargo guerracivilismo que espera su momento. Para hacer factible la relación de convivencia entre las diferentes confesiones religiosas presentes en Euskadi el Gobierno Vasco propone al Parlamento la creación del Consejo Interreligioso como órgano consultivo para el asesoramiento e informe en aquellas iniciativas o decisiones de las Instituciones vascas y de las iglesias, confesiones y comunidades religiosas del País Vasco que puedan afectar de forma específica al ejercicio de la libertad religiosa y de culto que estará integrado por representantes del Gobierno Vasco, de las Diputaciones Forales, de los Ayuntamientos, de las iglesias, confesiones y comunidades religiosas y además de por personas de reconocida competencia y asociaciones ciudadanas con interés cualificado en la aplicación de la presente Ley, sin olvidar algo muy importante: contará con una representación equilibrada de mujeres y hombres con capacitación, competencia y preparación adecuada. Se trata de un nuevo instrumento para aprender a reconocernos en un nosotros que no niegue a los otros sino que los incluya. Que así sea.

Javier Otaola.

Escritor y abogado.

Miembro de número de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.

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