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La ortodoxia y el mundo ruso, por Javier Otaola






Publicado en EL CORREO. 22.03.2022


Durante varios años, quizá para llevar la contraria al turismo de sol y playa, unos amigos estuvimos realizando, en inviernos consecutivos, viajes con destino a la Europa hiperbórea, —nórdica, fría y nevada—; así visitamos: Estocolmo, Moscú, Varsovia, Cracovia y también al terrible campo de exterminio de Auschwitz (en polaco Oswiecim a unos 43 km al oeste de Cracovia Y en 2012 viajamos a Kiev, una ciudad que nos recibió con nieve hasta las rodillas, pero acogedora, llena de encantos y de sorpresas.


Ahora asediada y semidestruída.


Admiradores de la estética y la liturgia ortodoxa nos dedicamos a visitar templos y santuarios, y asistimos a algunos cultos en las Iglesias de San Miguel de las Cúpulas Doradas, la Iglesia de San Vladimir donde encargamos algunas oraciones, y encendimos las correspondientes velas votivas, y también en el Monasterio de las Cuevas, (Pecherska Lavra) donde adquirí un modesto icono de Cristo Bendiciendo que conservo y venero.


Cuando estuvimos en Moscú nos llamó la atención la perfecta reintegración de la Iglesia Ortodoxa en la nueva Rusia, la riqueza litúrgica y la perfecta restauración de los templos ortodoxos destruidos por el comunismo: Nuestra Señora de Kazán y la Basílica de Cristo Salvador, el Monasterio de San Daniel sede del Patriarcado de la Iglesia Ortodoxa y la belleza de los Templos en el interior del Kremlin.


Un signo de la nueva unión de la Iglesia y el Estado en Rusia fue a mi juicio, en 2016 la gran estatua de 11 metros , plantada en la Plaza Roja, y dedicada a Vladimir el Grande, que se convirtió al cristianismo en el 988 e inició la cristianización de la Rus de Kiev, el primer Estado, en el origen de Bielorusia, Ucrania y Rusia. Ese símbolo es, evidentemente, no sólo una referencia religiosa es casi un acto de "casamiento" entre el Kremlin y la Iglesia Ortodoxa rusa.


El 11 de octubre de 2018, el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, enfrentándose al Patriarca de Moscú, aprobó conceder la autocefalía a la Iglesia ortodoxa de Ucrania unificada, desde entonces sufre la Ortodoxia en Ucrania un verdadero cisma, que es, en cierto modo, trasunto de la guerra que se desarrolla en estos momentos. Ese reconocimiento dio lugar a su vez a la ruptura entre el Patriarcado de Moscú y de todas las Rusias y el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.


El 5 de enero de 2019, en la Catedral patriarcal de San Jorge en Estambul el Patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomé I rubricó solemenemente el Tomos de autocefalía de la Iglesia ortodoxa de Ucrania (unificada autocéfala) en presencia del Metropolita de Kiev y toda Ucrania Epifanio y el presidente de Ucrania Petró Poroshenko, lo que da idea del significado político de aquel acto


En un amplio estudio estadístico reciente realizado en Ucrania 70,7 % de los 11 000 ucranios encuestados se declaraba en 2019 cristiano ortodoxo. El 43,9 % de la unificada Iglesia ortodoxa de Ucrania, el 38,4 % afirmó ser simplemente ortodoxo y el 15,2 % era seguidor de la Iglesia ortodoxa ucraniana del Patriarcado de Moscú.


El inicio y el curso de la guerra en Ucrania está tensionando las relaciones entre las Iglesias ortodoxas del Patriarcado de Moscú y el de Constantinopla, aumentando además la presión de las instancias religiosas internacionales y el Patriarca Kirill, sin embargo la posición de este se mantiene al lado del discurso oficial del Kremlin, la semana pasada, culpó a Occidente por avivar las divisiones en la iglesia y convertir a los ucranianos en enemigos de Rusia y declaró:


“Los pueblos de Rusia y Ucrania, que provienen de una fuente bautismal común en Kiev, están unidos por una fe común, santos y oraciones comunes, y comparten un destino histórico común”,


“Este trágico conflicto se ha convertido en parte de una estrategia geopolítica a gran escala destinada, ante todo, a debilitar a Rusia y fomentar la rusofobia”.


La retórica del Destino común de Rusia y Ucrania que invoca el Patriarca Kirill por desgracia se parece mucho al discurso político que proclama Putin para justificar la invasión de Ucrania.


Entiendo que nuestro deseo como ciudadanos de la Unión Europea es que el destino histórico de Ucrania se mantenga en las manos de los ciudadanos de Ucrania, y su voluntad de resistir la invasión así lo ameritan.


Son los propios ucranianos los que tendrán que valorar, para llegar a la paz, la forma de convivir con su poderoso e incómodo vecino, ponderando la necesidad de llegar a algún acuerdo que manteniendo la dignidad nacional de Ucrania se acomode a la real politik del momento.




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