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La familia, factor de sentido, por Javier Otaola


Imagen de JOSEMARI ALEMÁN AMUNDARAIN Domingo, 23 enero 2022.



Articulo Publicado en EL DIARIO VASCO, 23.1.2022.

Como decía el recordado Andrés Ortiz-Osés, — profesor durante tantos años en Deusto, fallecido este año—, el ser humano es un constructor de sentido. Quizá por compartir esa convicción filosófica me ha interesado uno de los últimos trabajos del Pew Research Center[1] donde se dan a conocer muchos y buenos trabajos de prospección estadística a nivel global— concretamente me ha interesado el que se titula ¿Qué le da sentido a nuestra vida? En ese trabajo realizado en la primavera de este año, se recogen las respuestas de 19.000 adultos de 17 sociedades avanzadas del planeta, personas adultas interrogadas sobre cuales son las experiencias, relaciones y valores en los que encuentran motivación y sentido para su vida. Son 17 sociedades de diferentes culturas, pero todas ellas con niveles de desarrollo social y político semejantes que hacen sus respuestas significativas y comparables.


Los países en cuestión son Canadá, Bélgica, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Países Bajos, España, Suecia, Reino Unido, Australia, Japón, Nueva Zelanda, Singapur, Corea del Sur y Taiwan. Todos ellos fueron interrogados con esta misma pregunta abierta: ¿En tu vida actual qué aspectos te aportan logro y sentido? ¿Qué te motiva para seguir adelante y por qué?

En casi todos los países objeto de sondeo la mayor parte de los encuestados identifica a “la familia y los hijos” como fuente de inspiración y significado para su vida; y en una mayoría abrumadora como la primera referencia. Solo hay tres excepciones, España, Corea del Sur y Taiwán. En España, la primera motivación es la Salud, en Corea del Sur, el Bienestar material, y en Taiwán, curiosamente, la propia Sociedad, su satisfacción y armonía.


En países como Australia, Grecia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, la mitad o más de los encuestados refiere la Familia y los hijos como la mayor fuente de sentido.

Cuando la respuesta es única, la más mencionada es la familia. En Grecia el 20% de las respuestas señala exclusivamente a la familia como factor de motivación y sentido. En aquellos países que señalan la familia como fuente principal de motivación y sentido, esa elección es muy mayoritaria entre personas de 30 a 49 años. En Australia el 70% de las personas, hombres y mujeres señalan la familia como primera referencia de motivación y sentido; esa elección baja entre los encuestados de 50 a 64 años y es menor aún en los adultos de mas de 65 años. Parece evidente que nuestros horizontes de significado y nuestras motivaciones cambian con la edad, no somos los mismos ni física, ni psicológica ni existencialmente con 20 años que con 60. No solo el cuerpo cambia, también el alma.


Otra curiosidad significativa es que la mención a la familia — como motivación y sentido— es más frecuente en personas con una mejor situación económica. En Nueva Zelanda dos tercios de los encuestados con mas rentas señalan a la familia como su mayor fuente de significado. Algo parecido sucede con las personas de mayor nivel educativo y con las personas de mediana edad: miran más hacia la familia; también las mujeres sobrepasan a los hombres en la referencia a la familia en una proporción de 64% a 45%. Ojo: esta diferencia de género no es significativa en países como España e Italia ni tampoco en aquellos países asiáticos donde la familia no se menciona en primer lugar como referencia de sentido: Taiwán, Corea del Sur y Japón.


La idea misma de familia ha evolucionado, pero en contra de lo que a veces se dice, el estudio PEW demuestra que la familia como institución goza de buena salud, y se mantiene como un vínculo de relación que nutre, motiva y aporta sentido. La familia —como todos los afectos y todas las instituciones—, tiene patologías, disfuncionalidades y riesgos pero cuando es funcional es un eje de relaciones poderosas, y eso ha hecho que en una sociedad libre y abierta, la idea misma de familia sea cada vez más inclusiva y diversa.


Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), definimos hoy a la familia como el “conjunto de personas que se vinculan y conviven bajo el mismo techo, organizadas en roles fijos (padre, madre, hermanos, etc.) consanguíneos o no, con un modo de existencia económico y social comunes, con sentimientos afectivos que los unen y aglutinan”.


Hoy sabemos que la estructura familiar (monoparental, numerosa, reducida, heterosexual u homosexual) no es, por sí misma, un factor determinante para decidir si una familia es funcional o no. Lo determinante de su funcionalidad es que responda satisfactoriamente a las tres necesidades básicas del ser humano: Necesidad de tener: que atienda los aspectos económicos y educativos necesarios para vivir. Necesidad de relación: que nos enseñe a socializarnos, querernos y sentirnos queridos..., Necesidad de ser: que nos proporcione una identidad, un vínculo con el pasado y un horizonte para el futuro.


Y la familia... ¿Qué tal?



[1]1 https://www.pewresearch.org/

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