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El «gilismo» de Donald Trump, por Javier Otaola


EL CORREO Domingo, 21 de mayo 2023, 00:03


Imagen by Sr. García


Que Donald Trump es no solo un pésimo político, sino también una mala persona lo demostró cuando, en noviembre de 2015 en un mitin, parodió burlonamente, con muecas y espasmos, al periodista Serge Kovaleski, uno de sus críticos, que padece una afección congénita en las extremidades superiores. Se puede ver en las redes. ¿Os imagináis que

alguno de nuestros políticos nacionales hubiera hecho algo semejante?

No solo eso. Después de las erráticas y mentirosas declaraciones del presidente Trump ante la epidemia de covid, Holden Thorp, el editor jefe de 'Science', publicó un duro editorial acusándolo, con toda razón, de mentir «de plano» y «deliberadamente» sobre la gravedad de la Covid-19 a los ciudadanos, algo que había costado la vida a «muchos» de ellos. Y resumió la temeraria conducta del malhadado Trump: «Este puede ser el momento más vergonzoso en la historia de la política científica de EE UU».



Muchos europeos, que reconocemos el papel primordial que juega EE UU en su histórica alianza con Europa, respiramos con alivio tras la derrota electoral de Trump en noviembre de 2020, conscientes de la deriva iliberal, autoritaria y chauvinista de su discurso político. Nunca pudimos imaginar que unos meses después asistiríamos al asalto violento del Capitolio, jaleado por un Donald Trump dispuesto a todo, incluso a liderar un verdadero golpe de Estado para no abandonar la Casa Blanca.

La innoble y delictiva conducta de Trump y sus trapacerías no solo no le han desacreditado definitivamente como líder del histórico Partido Republicano, ni le han apartado de la vida política, sino que su averiada mercancía ideológica -el trumpismo- ha calado en una parte importante del electorado. Trump siempre se me ha representado como una forma norteamericana de la retórica de nuestro pintoresco Jesús Gil y Gil, alcalde de Marbella entre 1991 y 2002. La vulgaridad de Gil y sus andanzas marbellíes fueron a escala municipal una de las primeras formas de populismo protestatario, que haría bandera de su vulgaridad desacomplejada y que luego tendría otros ejemplos fuera de España como el inefable Berlusconi, alcanzando con Trump una escala planetaria.

Esa ideología cutre del 'gilismo', limitada al ámbito de lo municipal y a la corrupción urbanística, fue una patología menor comparada con el caso de Trump. ¿Cómo es posible que un político ignorante, vulgar y pendenciero, que sería nefasto incluso como alcalde de Las Vegas, controle el Partido Republicano y se haya convertido en una verdadera amenaza para la civilización? La retórica del trumpismo no es sino un caso de narcisismo agudo, amalgamado con un revoltijo de tramposas apelaciones emocionales, referencias absolutistas y narrativas de amenaza, caracterizadas por un rencor acomplejado hacia todo lo que suene a élite moral, cultural o política.

El patrón retórico es semejante al de todos los movimientos autoritarios. Dibujar a su gusto un panorama de humillación y victimización; responsabilizar a un enemigo concreto y promover teorías de conspiración paranoicas que expliquen 'fácilmente' la situación, para terminar presentándose como un líder carismático llamado a salvar a los verdaderos patriotas.

La aparente incombustibilidad de la candidatura de Trump 'el tramposo' queda de nuevo reforzada tras el veredicto de una corte civil que le ha condenado a indemnizar a la escritora y periodista E. Jean Carroll por haber abusado sexualmente de ella. Tampoco los trumpistas se han enfriado por el hecho de que su héroe esté procesado, y condenado en primera instancia, en Nueva York por utilizar dinero público de la campaña para pagar el silencio sobre sus relaciones prostibularias con la actriz porno Stormy Daniels. ¡Y eso, en el líder del autoproclamado partido de los valores bíblicos y familiares...! Para los fieles, la acusación confirma el victimismo de Trump, supuestamente perseguido por el Estado profundo controlado por los liberales.

Los que dentro y fuera de EE UU deseamos ver a Trump despedido de la política quizá debamos prepararnos para lo peor. De todas formas, tiene todavía muchas explicaciones que dar ante los tribunales, quizá el caso judicial más grave que le espera se remonta a cuando, todavía presidente, presionó a los funcionarios electorales en Georgia para «encontrar», o sea 'fabricar'. los votos que anularían la victoria de Joe Biden en ese Estado.

¿Qué implicaría una nueva presidencia de Trump? En cuanto a la política internacional sus simpatías hacia Putin, como las de Berlusconi llevan a pensar que Ucrania sería abandonada por el Gobierno norteamericano. En la política interna, se dedicaría a destruir cualquier institución que pudiera interponerse en su camino. Ya lo dijo mi admirado senador Mitt Romney, una solitaria voz republicana contra Trump, cuando advirtió de que su éxito implica «una presidencia sin ataduras a la verdad y sin ataduras al orden constitucional». «Dios salve a América» ... de Donald Trump.

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