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Diccionario subjetivo: Grito de guerra

Actualizado: abr 23



¡Santiago y cierra, España! un grito de guerra pronunciado por las tropas cristianas durante las guerras contra los reinos musulmanes, en batallas como la de Navas de Tolosa que representa muy bien la idea del mito fundacional de la idea política de España. Aparece publicado en obras impresas en el siglo XVIII, en poemas y dramas de carácter histórico. Cierra hace referencia a trabar combate, embestir o acometer; y Santiago el Mayor, uno de los Apóstoles del círculo próximo de Cristo, supuestamente enterrado en Compostela, es el santo mítico de la tradición española, como Juana de Arco lo es de la de Francia, o San Jorge de la de Inglaterra...





Aurelio Torres viaja a Francia buscando a Reginald Specter. De la novela El síndrome de Nietzsche [Antes Mamá ha muerto]


Aurelio Torres buscando a Reginald Specter. Biarritz. [De la novela El síndrome de Nietzsche—antes Mamá ha muerto


—¡Santiago y cierra España! - dije para mí. Las fronteras tienen un valor poético, sacramental. Hacen visible lo invisible, materializan los límites de realidades tan complejas y sutiles como las naciones, los Estados, las sociedades. Dejaba atrás España y entraba en Francia. Se me agolpaban en la mente los símbolos, las historias, los héroes y las hazañas, los crímenes, las pasiones y horrores sobre las que se levantan estas dos hermosas naciones: Recaredo y Clodoveo, San Fernando y San Luis, Carlos I y Francisco I, El Escorial y Versalles, Fernando VII el Felón y Napoleón El Grande, Don Niceto Alcalá Zamora y Leon Blum, Lola Flores y Mireille Mathieu, el Generalísimo Franco y el Mariscal Petain..., el garrote vil y la guillotina. Esos pares nos definen respectivamente.


He llegado a Biarritz al atardecer. Este pueblo de antiguos balleneros y corsarios será mi primera estación de tránsito. Mi viaje ha de tener sus etapas. Necesito ir asimilando mi libertad. Tengo que cimentar las ausencias de mi vida saliente, adaptarme, poco a poco a mi nueva identidad antes de encontrarme con mi amada.

Pepe me ha dado la dirección de un hijo de la Rubia Albión. Según él es un genio en la falsificación de documentos y vive en un chaletito en Biarritz. Su nombre tiene que ser falso, se hace llamar Reginald Specter. Así como suena.



No he querido chulear ni llamar la atención. No he cogido habitación en el Gran Palais -podría haberlo hecho- me he conformado con algo más sencillo en la Maison Garnier en el número cinco de la Rue Gambetta. El típico edificio francés fin de siècle, con aire de domicilio petit bourgeois y estilo retro.

Antes de acostarme me he dado un paseo por el pueblo. Me he acercado hasta la Gendarmerie. Una buena medida de seguridad es meterse en la boca del lobo para ver de cerca el peligro y tomarle la medida. Me hice el tonto preguntando sobre el Consulado español en Biarritz. Me dijeron que había habido un consulado en Hendaya pero que ya no existía. Ahora somos Europa. Me pude dar cuenta de la falta de interés de los gendarmes por su trabajo. Había una pareja de agentes, un hombre y una mujer, que me pareció que estaban simplemente flirteando. Me fijé en el ambiente burocrático de las instalaciones, la limpieza y los buenos medios de que disponen. Muy napoleónico.

Siempre que he estado en Francia me ha dado la impresión de que hay algo mortecino que pesa sobre este país. Es cierto —hay que reconocerlo — que tiene un aire agradable, y la gente, las casas, el paisaje... no están exentos de belleza. Sin embargo, no encuentro esa alegría vulgar, ruidosa y confiada que es tan típica de los españoles. Tampoco la divertida pasión hooligan y bárbara, animada por la cerveza de los ingleses Ni la exuberancia extrovertida y narcisista de los italianos.

Predomina en Francia una sociabilidad circunspecta y picajosa.

Biarritz, a pesar de que es un pueblo vasco responde bien al patrón francés. Las flores vascas pero el jardín francés. Está perfectamente cuidado y constreñido. Paseo por las aceras impecables, me detengo un momento ante un escaparate de Hermès que me parece en sí mismo una obra de arte.

Francia está dotada para el lujo, el placer y el esprit de finesse.

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©2018 por Javier Otaola.