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La pasión.



Esta impresionante obra musical y devocional de Johan Sebastian Bach se basa en la lectura del Evangelio de San Mateo, los versículos que hablan de la Pasión, —capítulos XXVI y XXVII—. Son lecturas dramatizadas del Evangelio, a cargo el Evangelista (tenor) , mediante recitativos, donde el texto se lee (se canta) sin ninguna repetición, y en el que se intercalan Himnos, Arias, Cantos alegóricos, poesías.


La historia que relata la Pasión es un drama cósmico, un cataclismo espiritual. En la historia sagrada del Pueblo de Israel se produce un acontecimiento imprevisto, el Mesías que el pueblo hebreo esperaba se manifestara como un Rey poderoso y triunfador llamado a liberar al pueblo elegido de la dominación romana, irrumpe algo distinto. El Mesías ya no será simplemente un Rey, un mero poder político, un simple continuador de la dinastía davídica, será algo mucho más importante y además de carácter universal. El Cristo, el Ungido rompe las costuras de la Torá, —el Antiguo Testamento— salta las fronteras del nacionalismo judío y extiende la elección de Dios a toda la Humanidad, deja de lado el significado político de la estirpe de David, supera la piedad del Templo,— el reducto del Sancta Santorum es pequeño para encerrar al Espíritu de Dios que sopla por donde quiere y se aloja en el corazón de los seres humanos—, declara el sacerdocio universal disolviendo la idea levítica de la mediación sagrada, reservada a unos pocos, proclama una Buena Nueva para todo el género humano..., y naturalmente todos los poderes —sagrados y profanos— del momento le condenan a morir, y a morir en la Cruz. El Logos, el Sentido es crucificado por atreverse a proclamar lo indecible. Pero esa palabra hecha carne trascenderá la Muerte.


Bach completó la Pasión según San Mateo a tiempo para ser interpretada el Viernes Santo de 1727 En vida de Bach fue interpretada luego, solo un par de veces


En 1740 Bach comenzó a quedarse ciego por causa de unas cataratas; diez años después murió de un infarto cerebral (1750), con 65 años, y fue enterrado en una tumba sin nombre.


La música de este verdadero monumento sacro es una de las creaciones mas inspiradas de Johan Sebastian Bach, que solo por esta obra ya merece el sobrenombre del Quinto Evangelista. Hay Gran Belleza y Verdad en cada coral, en cada aria, en cada pasaje. En los momentos más dolorosos el Evangelista, representado por el tenor recita sollozando, las notas suenan lentamente, pesarosamente.


Bach fue un convencido cristiano, —luterano— y en su casa de Eisenach, donde nació y se crió existen numerosas Biblias, himnarios y diversos escritos de Martin Lutero, algunos con anotaciones personales que revelan una devoción genuina.


Johan Sebastian anotó en los márgenes de su Biblia: "En música de verdadera adoración Dios está siempre presente con su gracia".





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©2018 por Javier Otaola.