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Etica y estética de la novela policíaca



No existe una forma pacífica e inocente de referirse a este tipo de literatura, de ahí que sea conocida con muchos apelativos, cada uno de ellos con un particular matiz: detection story (novela de detección) en Gran Bretaña, novela negra, novela criminal, polar en Francia, ...pero todos nos entendemos cuando nos referimos a "novela policíaca" y suponemos que se trata de un tipo de literatura en la que aparece necesariamente un crimen, normalmente un asesinato, en la que de una manera directa o indirecta aparecen envueltas las instituciones policiales y judiciales de un país.

[Zorione Olaizola]

En la "detection story" la gracia de la historia suele estar en la dificultad de llegar a descubrir al asesino, el medio social en el que se desarrolla la investigación suele ser acomodado o francamente alto, los medios de comisión del crimen complejos y la dificultad casi nunca radica en coger físicamente al criminal sino en llegar a interpretar, en comprender, las confusas pistas del delito y a veces las extrañas motivaciones del delincuente: en descubrir al criminal. En muchos caso el investigador ni siquiera es un funcionario público sino que suele ser un afamado detective privado, o incluso un abogado ( Perry Mason, Licinio Salinas): Sherlock Holmes, Hercules Poirot...o bien puede ser también algún excéntrico personaje colocado, como por casualidad en el lugar del crimen: el Padre Brown ( Chesterton), Mrs. Marple ( Agatha Cristhie), el rabino David Small ( H. Kemelman)..., el inspector Salvo Montalbano (Andrea Camilleri)


La "detection story" encuentra su matriz social e intelectual en la islas Británicas y es entre los súbditos de Su Graciosa Majestad entre los que ha tenido mas adeptos y una mayor pléyade de creadores, además de los ya citados, tenemos en nuestras librerías multitud de títulos de Julian Symons, P. D. James, Ruth Rendell, ...



Es manifiesta la precocidad de la literatura anglosajona respecto a la hispana en este terreno, no sólo en cuanto a la creación sino también en cuanto al número de lectores y aficionados, siendo por lo demás la literatura en español creativa en cualquier género, pero este hecho no es una casualidad. La implantación del gusto por la novela detectivesca, ya a principios del siglo XX requería de varias condiciones materiales y mentales que se dan con creces en la angloesfera. En primer lugar un cierto desarrollo económico con la consiguiente "urbanización" de las costumbres y una extensa clase media. Sólo en el ambiente ciudadano alcanza su pleno desarrollo la organización policial y judicial, en ese ambiente se da la libertad y el anonimato que permite el doble juego de los personajes de la novela policíaca detectivesca. No tiene porqué tratase de una gran ciudad pero en todo caso tiene que estar involucrados gentes de la ciudad aún cuando los hechos puedan llegar a suceder en el campo.


Además del desarrollo económico hacen falta unas instituciones jurídicas dotadas de legitimidad que permitan creer en una forma de justicia legal: en el fondo de la novela policíaca subyace una convicción justiciera. Esa Justicia será todo lo deficiente que se quiera, pero debe ser una forma de Justicia al fin y al cabo. Y además de la Justicia: la libertad. Es decir es imprescindible la libertad de expresión, la capacidad crítica para ver la sombra del crimen en medio de la sociedad, para criticar las torpezas de la policía, de los poderes económicos o sociales que pueden verse involucrados en el crimen. Son habituales ente los famosos detectives de ficción las actitudes de superioridad frente a los métodos de la policía, o bien por su supuesta falta de imaginación, o bien por los hábitos de la mentalidad burocrática. Son proverbiales la fanfarronería y el sentimiento de superioridad intelectual de Sherlock Holmes: "Elemental, querido Watson", o de Hercules Poirot, o de Nero Wolf, o la superioridad moral con la que miran la policía personajes como Carvalho ( Vazquez Montalbán), o Philip Marlowe (Raymond Chandler).








Sin embargo tampoco falta el contrapunto del policía cabal, íntegro e inteligente al estilo del inspector Maigret ( Simenon), típico representante de la tradición policial de la Francia republicana: austero, metódico,...un verdadero y probo funcionario; o el inspector Dalgliesh ( P.D. James), un gentelman de Scotland Yard, que además publica exquisitos libros de poemas; o Laidlaw el paradógico y anticonvencional policía de Glasgow (McIlvanny), o quizá el mas interesante de todos por lo que tienen sus novelas de documental: Roger Borniche, un verdadero policía que al final de sus carrera ha escrito una serie de novelas en las que al estilo del género, relata algunos de los grandes casos en los que participó, dando a la novela una típica perspectiva policial. Algunos de sus libros al llegado incluso al Cine; encarnados por Jean Luc Tritignan, : Flic Story en el que relata las captura de Emile Buisson uno de los mas famosos asesinos de Francia de los últimos tiempos ( 100 atracos, 20 asesinatos), y otros títulos como René La Canne, Le Gang, Le Play-boy, le Maltais...desgraciadamente ninguno de ellos traducido al español.


En la novela negra lo mas relevante no suele ser tanto la pesquisa intelectual sobre quién puede ser el asesino, que en muchos casos es conocido desde el principio, como la peripecia para llegar a detenerlo; en muchos caso el crimen no se comete digamos por una persona "legal" sino que es obra de un profesional del delito o por lo menos de alguien colocado claramente al margen de la Ley. Los medios de comisión no suelen ser en absoluto sofisticados, nada de venenos o estiletes, simplemente un buen disparo con arma de fuego.

El ambiente en el que se desarrolla la novela en este estilo "negro" es mucho mas violento que en el estilo "claro" , y normalmente de un gran realismo en los detalles, y responde a la distinta sociología de la sociedad norteamericana donde tuvo su cuna este tipo de novela.


La dureza del estilo "negro" y el fondo ideológico mucho mas crítico respecto de la legalidad institucional ha propiciado el predominio en este estilo de los detectives privados sobre los investigadores policiales. La edad de oro de este estilo fueron los años 20, los años del ·" gangsterismo " en los Estados Unidos con autores como Dashiell Hammet y su detective Sam Spade, un hombre duro, en la linea "hard boiled" ( hervido a fuego fuerte) de Cosecha Roja, o el mismo Raymond Chandler con su Ph. Marlowe, descreído, individualista e insobornable. (El Largo Adiós, Sueño eterno,) perfectamente identificable con el gesto desdeñoso y melodramático de Bogart.


Cada una de las dos líneas , la "clara" y la "negra" representan dos aproximaciones diferentes al mundo del delito, no sólo desde el punto de vista estético sino también ético.


Aquella se interesa por lo que el crimen puede tener de atractivo para quien vive dentro de la "normalidad", como una opción personal por EL Mal con mayúsculas; la segunda, en cambio, se interesa por la exploración de aquellas zonas oscuras de la sociedad, atraida por lo que Vázquez Montalbán llama la "poética del subsuelo", en las que el Mal vive permanentemente instalado sin ningún embozo, quizá como resultado del propio "orden" social o quizá como resultado inevitable de cualquier clase de orden que expulsa a una serie de individuos a sus márgenes.


En todo caso la novela policiaca, bien sea de enigma o negra ha alcanzado un nivel de calidad que la hace comparable a cualquier otro producto literario. Tiene, eso sí, algunas convenciones que la gobiernan implacablemente, pero nos permite a aquellos que le dedicamos afición sentir la inquietante presencia de "las sombras" que fatalmente rodean todo lo humano. Ese inquietante sentimiento no está exento de placer porque nos hace quizá un poco mas cínicos pero nos permite apreciar en su verdadero valor lo que de luminoso hay también en el hombre.


Mi incursión en la literatura de género me ha permitido tratar con la inspectora Zorione Olaizola, ahora ya comisaria, y publicar ya dos novelas dedicadas a sus investigaciones: Brocheta de carne, y As de Espadas.





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©2018 por Javier Otaola.